Las palabras se mueven, transforman y cruzan fronteras sin necesidad de pasaporte ni visado. ¡Que fluya el conocimiento! ¿Pero en manos y mente de quién ponemos los preciados textos que queremos volcar en otro idioma? Con este post se inaugura el blog Con Género de Dudas, qué mejor manera que reflexionando sobre el concepto en sí de traducción con perspectiva de género. ¿Qué importancia tiene? Me pregunto cómo sería nuestro mundo si, originariamente, las traductoras de la biblia hubieran sido mujeres feministas. ¡Ay! Señor (sí, señor). ¡Cuán diferente sería todo! Con los siglos, algunas traductoras se han lanzado y se siguen lanzando a esta tarea y el resultado es cuanto menos interesante.

Desmontemos el mito: la fidelidad no existe, al menos en traducción. Las traductoras y traductores, estamos bajo la influencia, como todo el mundo, del patriarcado que se filtra por todos lados. Desde el punto de vista de género la traductora debe ser consciente de su intervención. Hay que ponerse las gafas de género también para traducir o el mensaje se verá distorsionado por un filtro patriarcal, una distorsión que se asumirá como normalidad en un entorno donde el sexismo está integrado como cotidiano y la falta de crítica lidera la asimilación de contenidos. 

A veces oímos hablar de traducción y vienen a la mente anuncios de compresas: neutra, pura, imparcial. Y me pregunto… ¿A qué huelen las cosas que no huelen? Pues bien, nada huele a nada, así que ni la menstruación es inodora ni la traducción neutral. Cuanto antes lo asumamos menor será la sorpresa y sobretodo mayor será la calidad de nuestros textos.

La palabra clave es poder. El conocimiento es poder. El lenguaje es poder. Conocer diferentes idiomas y lenguajes ha sido y sigue siendo un instrumento de poder que, en general, no ha estado al alcance de todo el mundo. A lo largo de la historia, la traducción ha sido fundamental en la trasmisión de cultura y de conocimiento, pero también de dogmas y de supersticiones. Las traducciones han sido y son medios de transmisión de ideología. No sólo la ideología del texto origen, es decir, de la persona autora del mismo, sino también de la ideología de la persona encargada de traducir. Ese ente encargado de tomar decisiones, de escoger palabras, expresiones, formas sintácticas, género, etc. Esa persona que con todas sus elecciones y decisiones, crea un texto que será, para quienes lo lean en la lengua meta, el único texto. La fuente. ¿Son esas decisiones neutrales?

Para el mismo texto origen cada traductora o traductor creará un texto meta que, como el ADN, será único. De hecho, seguramente el mismo texto, traducido por la misma persona en momentos de su vida diferentes (ya sea porque años de experiencias han pasado por sus diccionarios, o porque tenga un día melancólico, entre otros motivos), tendrá como resultado dos textos diferentes. ¿A dónde quiero llegar con esto?

El lenguaje crea realidades, no es sólo una manera de expresarlas, si no que su uso consciente o inconsciente implica la creación y evolución de realidades, de verdades que no lo fueron hace 50 años, ni lo serán dentro de 100. No es casual que cuando, por poner un ejemplo, allá por el 2008 Bibiana Aido pronunció la palabra “miembra”, una oleada de crudas críticas se abalanzara sobre ella. No, la RAE no acepta “miembra”, sin entrar a evaluar ahora mismo la relación de esta institución con el feminismo y siendo gramaticalmente correcta, “miembra” está mal dicho. Sin embargo, es curioso cómo, por normal general, un error gramatical, sea o no voluntario, no levanta tal revuelo como lo hizo la entonces ministra de igualdad. Las palabras empoderan, visibilizan, otorgan voz y, del mismo modo, pueden anular todo lo anterior si no tomamos las riendas de nuestro lenguaje.

¿Por qué hiere sensibilidades desdoblar el lenguaje, hablar en femenino, utilizar fórmulas como la “x” o la “@” en el uso de los plurales? Mirando atrás y entendiendo que las lenguas evolucionan con sus hablantes, podemos argumentar que la corrección gramatical o léxica es, en cierto modo, circunstancial. Con lo cual, superando este argumento, quien lo quiera superar, sería conveniente identificar el denominador común detrás de todos los ataques a iniciativas o actitudes que tratan de visibilizar la desigualdad. El recelo con el que se mira a una mujer que habla en femenino, es muy parecido al recelo con el que se mira a una mujer que no se depila, que decide no tener hijos, que demuestra autoridad o que se autodenomina feminista.

Hay ideologías más obvias que otras, sobretodo porque hay ideologías que se confunden con “normalidad”. No optar por una toma de consciencia en cuanto al género a la hora expresarnos es, automáticamente, adherirse a la ideología patriarcal que impregna el lenguaje. Precisamente por ser considerado normal, neutral, es doblemente poderoso.

Victoria Cuadrado Guardado

Licenciada en Humanidades y Traducción e Interpretación. Feminista por convicción y necesidad. Apasionada de la cultura, los idiomas, viajar, comer y reír.  Durante los últimos 5 años he vivido en 4 países y he conocido diferentes realidades que me han proporcionado una perspectiva sobre la traducción y la cultura que ahora trato de plasmar en Aquelarre.

 

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